Julieta tiene seis años y es muy inquieta y juguetona. Vive en una casa con patio y tiene un gato gordito y peludo llamado Pomposo.
Un día su papá le regaló un saco entero de arena. Era bien grande y la arena era de color plomo oscuro.
- Papá… ¿para qué sirve ésto?, metiendo las manos y aplaudiendo dentro del saco abierto.
- Fácil Julieta. Para jugar y hacer figuras, igual que en la playa.
- ¿Ah si?
- Sí, claro. Anda a buscar tu pala y tu balde. Si puedes trae algunas figuritas también.
Julieta conocía la playa y cada vez que iba se divertía muchísimo. Corrió a su pieza y en el cajón de juguetes encontró lo que necesitaba para jugar con la arena del papá.
Al volver observó a su papá.
- Mira, tomas un poco de arena y la colocas dentro de la figurita... lo das vuelta y ¡chalán!, ¡una estrella de arena!
- Y puedo hacer castillos también?.
- Claro. Toma la pala. Inténtalo tú ahora.
Julieta esa tarde se sumió en un mundo de posibilidades impresionantes. Logró hacer una torta con capas de hojas y flores secas. Además construyó un camino de círculos y triángulos de arena.
- Me encantó la arena, mamá.
- Si?, porqué Julieta?
- Porque es súper entretenido y además porque si me ensucio, me sacudo y listo.
- Qué bueno hija. ¿Te lavaste las manos?
Mientras Julieta corre hacia el baño, la mamá sirve el almuerzo. Ya es hora de ir a la escuela.
- Julieta, es tarde. Apúrate.
- Ya estoy lista. Mmm. Huele rico mamá.
Esa tarde, al volver a casa, Julieta no puede salir a jugar con la arena. Pomposo ha hecho su caca sobre la arena y no sólo él, al parecer todos los gatos vecinos lo han hecho también.
- Tiene caca de gato. No puedes jugar, esta arena se ensució Julieta. Lo siento, dice su mamá.
Julieta se entristece por no poder jugar con su arena, pero se divierte al ver a su gato feliz.
- Mamá, Pomposo se revuelca en la arena…. ¡qué chistoso!
Esa noche los papás de Julieta llegaron a un acuerdo y al otro día, Julieta encontró en la salida al patio un gran hipopótamo arenero, con tapa y todo. Y un saco de arena adicional.
- Mamaaaaa. Mira! Una piscina para jugar!
- Sí Julieta. Ahora tendrás tu arena a salvo de pomposo y los otros gatos. Pero tienes que acordarte de taparlo, para que no se ensucie la arena y te quedes de nuevo sin jugar.
- ¡Ya!, lo prometo, dice Julieta.
Así Julieta tuvo una gran piscina morada con cara de hipopótamo que le sirvió para dar rienda suelta a su imaginación.
Maqueta cuento con ilustraciones: julieta_y_la_arena.pdf
Texto: Andrea Elgueta
Ilustraciones: María Elena Soto Herrera









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